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Rebeliones rurales, pronunciamientos, leva y bandolerismo

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Las rebeliones rurales, pronunciamientos fueron constantes hasta los últimos años del Porfiriato, porque las desigualdades sociales y el descontento político de la población rural iban en aumento. A continuación detallamos las más importantes.

Rebeliones

En Sonora, los yaquis se enfrentaron a las fuerzas del gobierno en una guerra entre 1885 y 1902. Porfirio Díaz se opuso a la autonomía reclamada por los yaquis y después de varios años de lucha los obligó a rendirse.
Otro caso de insurrección ocurrió en Tomóchic, Chihuahua. El hecho fue una mezcla de injusticia social, fervor religioso e indignación política. Todo inició con una primera rebelión de los pobladores, pero terminó en una negociación entre las autoridades y la gente del pueblo. Sin embargo, Díaz consideró que lo mejor era acabar con toda posibilidad de un nuevo levantamiento, así que mandó tropas para desmantelar cualquier movimiento opositor al gobierno de Chihuahua.

Pronunciamientos y levantamientos

Durante toda la primera mitad del siglo XIX fueron comunes los pronunciamientos y los levantamientos armados, encabezados por algún jefe militar que enarbolaba un plan político. Un grupo de personas armadas se pronunciaba por alguna causa política que buscaba el derrocamiento del gobernante en turno.
La mayoría de los pronunciamientos que tuvieron lugar durante la República Restaurada fueron liderados por Porfirio Díaz, quien se enfrentó dos veces a Benito Juárez en las elecciones por la presidencia, y una vez a Sebastián Lerdo de Tejada. En las tres perdió, pero desconoció los resultados de dos, por lo que en 1871 se levantó en armas y fue derrotado. Lo hizo otra vez en 1876 y consiguió que Lerdo dejara la presidencia. Díaz llegó con la promesa de no perpetuarse en el poder.

Pintura Asalto a la diligencia
Pintura Asalto a la diligencia

Leva y bandolerismo en el régimen de Porfirio Díaz

Durante casi todo el siglo XIX y debido a un reducido ejército profesional, los diversos levantamientos armados y el propio ejército del Estado recurrieron a la leva. Ésta consistía en incorporar por la fuerza a varones a las filas del ejército. La mayoría desertaba a la primer oportunidad; además, debido a que carecían de preparación militar era común que estos ejércitos fueran derrotados.
Bajo el régimen de Díaz la práctica de la leva continuó, pero para engrosar las filas del ejército se buscó incorporar a quienes el Estado consideraba como vagos en las comunidades rurales y a individuos propensos al bandolerismo. Este último fue un problema denunciado en muchas ocasiones, sobre todo por comerciantes y empresarios.
Con el Porfiriato, el bandolerismo comenzó a disminuir. El general Díaz negoció con muchos líderes regionales y éstos controlaban a los malhechores. También propuso a los gobernadores de los estados participar en los negocios establecidos en sus territorios. De esta manera, los gobernadores fueron rígidos guardianes de la paz pública.

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