Trabajadores obreros en el porfiriato

Explosión demográfica, migración interna, demanda de servicios y contaminación

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Durante el siglo XX, la población mexicana experimentó dos revoluciones demográficas que cambiaron de manera radical el carácter de la nación. Conocerlas ayuda a comprender mucho de lo que ocurrió en el país después de la Revolución.

Evolución de la tasa de crecimiento

Primera revolución

Hacia 1910, la población total del país era de unos 15.2 millones de personas y la tasa de crecimiento media anual era de apenas 1.1%; es decir, cada año la población apenas crecía. Veinte años más tarde, la tasa de crecimiento media anual había aumentado hasta 1.7% y a fines de la década de 1930 lo hizo hasta 1.8%.
Lo más espectacular ocurrió en la década de 1940, cuando la tasa se disparó hasta 2.7% y aumentó todavía más en las décadas de 1950 (3.0%) y 1960 (3.4%).

Segunda revolución

La segunda de las revoluciones demográficas comenzó a fines de la década de 1970. En apenas una generación, la tasa media anual de crecimiento se redujo casi a la mitad. En cierto modo, esta revolución es aún más sorprendente que la primera. En 1970 había 48.2 millones de mexicanos, o sea, 27.6% más que en 1960. Diez años después, el aumento había sido prácticamente el mismo: 27.8%. Con el censo de 1990 se encontró que la población era de 81.2 millones de personas; o sea, había aumentado sólo 17.7%. Este crecimiento fue todavía menor entre 1991 y 2000, cuando la población aumentó 16.7% nada más.

Obreros del gremio de trabajadores en el porfirismo

Causas de la reducción en la tasa de crecimiento

Son varias las causas de la reducción en la tasa del crecimiento poblacional. Entre ellas podemos destacar tres:
1) La nueva política de población
2) La conciencia popular de que el crecimiento estaba afectando las posibilidades de sobrevivencia de las familias.
3) A partir de esos años se generalizó el uso de métodos anticonceptivos entre la población, a pesar de la fuerte oposición de la Iglesia católica contra éstos.

El fenómeno migratorio

Además del crecimiento de la población, un proceso de gran importancia para algunas regiones del país fue la emigración; es decir, el hecho de abandonar el lugar de nacimiento para ir a radicar a otro. Si bien en el ámbito nacional el efecto de este fenómeno no fue tan grande, algunas zonas debieron su crecimiento demográfico a la gente que llegaba de otro sitios. Para 1950, la proporción de personas que vivían en un estado distinto del que habían nacido era de 12.8%. Veinte años más tarde, este porcentaje se incrementó a 14.5%. Los datos sobre la migración en la cuenca de México muestran que en esta zona la trascendencia del fenómeno migratorio fue profunda. En 1950, 44% de la inmigración se dio en la cuenca de México. En 1970 subió a 47 por ciento.

Urbanismo

La velocidad con que se urbanizó el país en la segunda mitad del siglo provocó múltiples problemas, lo mismo en el campo que en las ciudades. En la década de 1930, el gobierno de Cárdenas estableció una red de clínicas rurales integrales, donde trabajaron miles de pasantes de medicina. En cambio, muchas ciudades no estaban preparadas para recibir tantos inmigrantes y ni siquiera para atender a todos los nacidos en ellas. Los asentamientos urbanos irregulares, conocidos como «ciudades perdidas», proliferaron en todas las grandes ciudades, aunque en ninguna otra como en la capital de la República. Eso causó que se acelerara la urbanización del estado de México. De los nuevos asentamientos, el más importante fue Ciudad Nezahualcóyotl. En general, los nuevos asentamientos fueron construidos por sus habitantes, sin ayuda del gobierno, en terrenos cuya propiedad era disputada y sin la infraestructura indispensable.

Servicios básicos de vivienda

Asimismo, durante la primera mitad del siglo sólo una pequeña porción de la población tenía agua en sus viviendas. En la década de 1950 no hubo mayores cambios en este renglón y para 1960 sólo 23% de las viviendas contaba con agua corriente. Diez años más tarde, el número número casi se triplicó. A finales de la década de 1930, 38% de la población contaba con luz eléctrica. Para 1960, apenas 44% tenía acceso a la luz eléctrica. Diez años más tarde, la proporción se elevó a 59 por ciento.

Contaminación ambiental

El proceso de urbanización no sólo cambió la fisonomía de la sociedad mexicana, sino que el crecimiento de las ciudades además ha modificado radicalmente el paisaje y el entorno; por ello, una de las grandes repercusiones de dicho proceso ha sido el deterioro del ambiente, el cual es un problema que se ha agravado en nuestros días.
Consideradas espacios de elevados índices de consumo, las ciudades son generadoras de grandes volúmenes de basura y de contaminantes del aire, además de convertirse en depredadoras de los recursos hídricos, la flora y la fauna.

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